La noche cambió de dueños y dejó de pertenecer a los típicos buscabroncas porque nos vieron juntos en aquel garito y se retiró hasta la luna, colega.
Algo me dice que Sabina se hubiera quitado el sombrero y que, probablemente, empezaríamos a ser algo así como su inspiración en Tirso.
Tú tan VANS y yo tan me VOY contigo que si la forma más perfecta es el círculo nos salió todo redondo.
Todo era de primera salvo el ron: yo estaba cometiendo mi primer error con el que pensaba que era mi primer amor a por su puesto primera vista en el primer espacio mullido que pillamos disponible.
Los ojos más tímidos y las manos más atrevidas, los brazos tan acogedores como cálidos, las piernas funcionaban como ataduras libres y, ¿sabes? le pregunté a los espacios que quedaron entre mis lagunas que cómo cojones habíamos llegado hasta aquí y
Éramos el eco de todas las alcantarillas, la risa que puso banda sonora a la salida del sol tras los monumentos más emblemáticos (tú eras mi favorito). Las sombras que oscurecían con luz propia las callejuelas empedradas con besos, las farolas fundidas a causa del calor que desprendíamos, las verjas tiradas por el suelo y los grafitis ilegales, así como las señales más prohibidas de la ciudad y las cosquillas más traidoras que doblaban las esquinas.
(...)
Con el sol ya puesto en alto y la ropa por cualquier baldosa de un piso al que martirizamos, abrí los ojos y joder. Solo me sale decir "joder". Repetiría, tripitiría. Muchas veces. Pero sobre todo el despertarme sola, acompañada únicamente por una nota que cumplió con la sustitución de tu baja a la perfección:
"he ido a por el desayuno, a por tabaco ya bajaremos juntos".
Y acabamos como cada fin de semana, menos jóvenes que ayer y con la voz más rota que mañana.