lunes, 10 de marzo de 2014

Bella resaca

Para cuando quisimos dejarnos de miraditas de niños y de gestos nerviosos, y de invitarnos a pitis como queriendo autoconvencernos de que podíamos alargar la noche empezando por bailar juntos y lento algo caótico, el jueves ya era nuestro y la mañana del viernes estaba a punto de serlo. 
La noche cambió de dueños y dejó de pertenecer a los típicos buscabroncas porque nos vieron juntos en aquel garito y se retiró hasta la luna, colega.
Algo me dice que Sabina se hubiera quitado el sombrero y que, probablemente, empezaríamos a ser algo así como su inspiración en Tirso. 
Tú tan VANS y yo tan me VOY contigo que si la forma más perfecta es el círculo nos salió todo redondo.
Todo era de primera salvo el ron: yo estaba cometiendo mi primer error con el que pensaba que era mi primer amor a por su puesto primera vista en el primer espacio mullido que pillamos disponible.
Los ojos más tímidos y las manos más atrevidas, los brazos tan acogedores como cálidos, las piernas funcionaban como ataduras libres y, ¿sabes? le pregunté a los espacios que quedaron entre mis lagunas que cómo cojones habíamos llegado hasta aquí y ni idea, así que supongo que comiéndonos las calles y la boca, imagino que de puto milagro y que agarraos, digo yo que pensando en que mañana había clase pero que primero, de madrugada, tocaba lección de todo lo que no se debería hacer jamás con un tío como tú. Ay, debería. Mi pan de cada día, o mejor dicho, los tequilas que sobran cada noche. 

Éramos el eco de todas las alcantarillas, la risa que puso banda sonora a la salida del sol tras los monumentos más emblemáticos (tú eras mi favorito). Las sombras que oscurecían con luz propia las callejuelas empedradas con besos, las farolas fundidas a causa del calor que desprendíamos, las verjas tiradas por el suelo y los grafitis ilegales, así como las señales más prohibidas de la ciudad y las cosquillas más traidoras que doblaban las esquinas.

(...)

Con el sol ya puesto en alto y la ropa por cualquier baldosa de un piso al que martirizamos, abrí los ojos y joder. Solo me sale decir "joder". Repetiría, tripitiría. Muchas veces. Pero sobre todo el despertarme sola, acompañada únicamente por una nota que cumplió con la sustitución de tu baja a la perfección:
"he ido a por el desayuno, a por tabaco ya bajaremos juntos".
Y acabamos como cada fin de semana, menos jóvenes que ayer y con la voz más rota que mañana.

jueves, 20 de febrero de 2014

Uno, dos, tres y cuatro

1. Tú estabas más nublado que nunca y yo brillaba igual que siempre.
    Y a veces, una diferencia de luz de ese calibre
    hace tanto daño
    que muestra la realidad un rato y ciega el resto del tiempo,
    no dejando ver que éramos como dos piezas de un puzzle perdidas
    bajo cualquier mesilla de noche,
    pero que sin saberlo encajaban.



2. Ambos sabían que nada iba a ninguna parte.
    O bien que todo podía acabar en cualquier sitio.
    El caso es que iban juntos y eso,
  era lo que más les gustaba del viaje.



3. Igual por eso te quiero tan frío.
    Porque hasta el fuego lento se me pasa rápido
    de lo despacito que quiero tenerte,
    ya sabes, para que me dures hasta el siempre más lejano
    que pueda existir.
    Para eso y para que ojalá no hubiéramos tenido que dejar nunca
  la cama de aquel hostal.
  
    -Pero ese es otro cuento,
    a pesar del frío de tus pies
    y de mis sábanas-.


4. Ella sabía que me moriría otra vez por tocarle la espalda una vez más,
    y se mostraba, a menudo, tan jodidamente inalcanzable
    que cuando se giraba, siempre medio desnuda,
    me temblaban hasta los mismísimos huevos
    del miedo que me daba que un día
    ella no fuera mía.




miércoles, 19 de febrero de 2014

"A la que no hace falta escribirle porque es pura poesía"

Digamos que ella es


como los días libres y la lluvia desde el sofá. Como las becas inesperadas y el rock and roll de princesas. Como los cerezos en flor y como volver a Lisboa y recordar algo de portugués. Como tener un planazo para el fin de semana y que no se tuerza, como las copas gratis y mejor aún que salir antes del curro. Como una caña bien tirada a doscientos kilómetros de Santiago, ella podría ser la estrella más fría de Galicia y el fuego más ardiente de un sombrío albergue.
Como estrenar vestidos de luces en Nochevieja y tacones de vértigo en año nuevo, como tirar apuntes de los que ya me he examinado y, hostia, como quemar el libro de historia en la hoguera de San Juan.
Ella supera con creces los viernes de birras en conciertos rollo Sadness. Ella es terminar en WeRock con los de Erasmus y como soñar con un estudio en el centro de París. Como dormir hasta tarde siendo lunes, como llegar a la parada y que solo queden un par de minutos para el bus.
Como librarse de una pelea que estaba al caer y tomarse a risa lo de meterse en otra a los 30 segundos. Como salir un jueves y tener poca resaca, como volar desde un libro y aprobar sin estudiar. Como un polvo en condiciones pero sin ellas, como volver a casa de madrugada con el sol ya puesto y como la luna cuando está cerca del mar. Ella es la terraza más llena de Santa Ana, ella es un helado hecho en Italia. Como la playa en agosto y los campamentos de julio, como las sonrisas con lágrimas y el piti al salir de clase. Como ir al cine entre semana y al McAuto con gasolina de sobra, como ver a Leiva de cerca y las tormentas desde lejos. Como la azotea del círculo de bellas artes y el mirador de Cibeles, como una pasarela hasta arriba de arte y bajo cero de excentricidades. Como subirse a la barra en el turno de noche loca y acabar cerrando cualquier garito que haya cerca. Como librar un finde y marcharse a hacer snow, como Berlín el invierno y Central Park en primavera, como 3 rounds and a sound en acústico . Como las rebajas y Gran Vía al mediodía con tarjeta de crédito. Como las opiniones sobre las fiestas de Sanse y como una botella de Jack Daniels sin abrir, como una foto inesperadamente perfecta. La lasaña calentita, el pan recién hecho y la pizza fría.
Ella es más bonita que ninguna, ponía la pe... digo, ella es más bonita que la Torre Eiffel y supera con creces demasiadas expectativas. Ella, para que os hagáis una idea, es mejor que llorar de amor en una boda y no perder, por un día, la esperanza. Es amar sin pasado y querer hasta el futuro más lejano. Ella es el silencio cómodo y las promesas que no se pueden cumplir (y yo diría que esas son las mejores). Como volver a los quince pero con un DNI que de el pego, ella es dormir al sol y despertarse moreno, ella es la siesta de un mal martes y un insomnio productivo.
Ella es parte de mi sueño y probablemente un trozo grande de la suerte que tengo en la vida. Como podéis imaginaros es única pero, y esto es lo que más me gusta de ella, es un resumen de todas las cosas buenas que tiene respirar en probablemente menos de cincuenta kilos.

El tío que escribió esto te vigila de cerca
 

Te adoro H
(eres mi persona)

jueves, 13 de febrero de 2014

El crack de la madrugada del 13


Tú te has quedado dormido y yo ya estoy otra vez haciendo balances, y al final solo consigo marearme de tanto balanceo entresemana y entre tus caderas, que tú y yo sabemos de sobra que algunas cosas saben mejor a oscuras o al contraluz de las farolas de las afueras.

Cuando las luces se apaguen,
Quitándote la ropa en la parte de atrás de un Volskvagen,
Sé que estarás de camino a tu casa
Por la autopista de la nostalgia.

                          Carlos Sadness

Porque supongo que dentro de una caja de cristales que se empañan por culpa de dos respiraciones nos sentimos mejor si el miércoles ha sido más gris que de costumbre.


Que ambos sabemos que algunas sonrisas nacen solo entre beso y beso, y que algunos besos, y aquí no puede caber más verdad, los causan solo ciertas sonrisas. 

Me gusta pensar que a este ritmo nos querremos pronto, pero me acojona la idea de que se nos vaya todo de las manos como la mayoría de las cosas que resbalan. Y había estado todo el día lloviendo.

domingo, 2 de febrero de 2014

Volviendo a, dejando de

Para aterradoras las noches en vela durmiendo a ratos para descansar de ti y también para soñar constantemente contigo. Las noches sin rotos que coser me aburren, las que vienen sin nada que crear de cero me desesperan. Para aterradoras las noches sin ti, corazón, sin tu álgebra para mi incomprensible, sin tu álgebra para mi encantadora. Sin tus pantallazos
(que son como billetes a París para dos),
sin tus brillantes contestaciones a deshora, sin tus esperanzadoras tardanzas. Debí ceñirme al plan coherente que tenía en la recámara para el próximo flechazo, pero es que a veces me pongo tonta y no veo el sentido a lo que es más lógico. Y ahora... ahora me estoy volviendo loca porque encuentro la cordura única y exclusivamente en el mapa subjetivamente perfecto del laberinto de tu cuerpo y, sinceramente, no tengo ninguna carga de conciencia porque aunque tenga que estudiar un huevo y deba recoger la habitación por el bien de la salud de mi madre, apetece y mucho perderse por ahí, en ese cuerpo que abarca casi dos metros sin salida de emergencia pero con una entrada por cada milímetro de piel. Casi dos metros de no sé qué sustancia afrodisíaca, casi dos metros de no sé qué ingenio no premeditado que poco a poco se ha ido abriendo paso entre los numerosos "te lo dije".
Y es que no hay advertencia que no se haga por una razón y al parecer había un montón de argumentos respaldados en experiencias que me decían: "cuidado Bel, que te va a encantar y no va a haber forma humana de no pegársela".
Y ya voy cuesta abajo y sin frenos.
Puedo ponerme en plan Sergio Carrión y hablar de precipicos en tus clavículas y en tus vértebras y en tu espalda y decir que es todo gris porque me la voy a dar seguro, pero estoy puesta en modo Bel y quiero intentarlo. Quizás sea solo por el afán que tengo de perseguir lo que me gusta, pues Pereza y yo tenemos planes comunes (los de correr detrás de ti). Y bueno, otros días me dedico a excusar lo que siento en la última copa, en esa que está siempre de más. Eres la gota que colmó el vaso de ron y para ron el de tus ojos.
Ya lo que me faltaba. En el sentido más ausente de la expresión. Me faltabas.

martes, 28 de enero de 2014

"Prisioneros de las drogas delicadas, atrapados en un plano a contraluz". Leiva (Pólvora)

Juntemos las veces en las que pensaste que yo estaba loca con las ocasiones en las que me he quedado con ganas de morderte la boca. El resultado de la suma se corresponde con la conclusión final de mi hipótesis: estallaría, por un lado, la cama. Y por otro, se multiplicarían las ganas de compartir una.
Me imagino mirándote a los ojos y no puedo evitar acordarme del caramelo que me recubre cuando eres tú quién me mira (por el tema de que me pongo a temblar como un flan).
Supongo que me dejo hipnotizar por las franjas verdes que enmarcan a veces tus pupilas, pero ese método no me sirve para dejar de fumar porque de hecho, tengo ganas de liarte y encenderte otra vez.
A veces creo que te pareces a Madrid cuando se pone a atardecer, a ese cielo inconfundible de pólvora cálida de recuerdos, de metralla de romances que están en el limbo del si quiero pero no te da la gana. No tengo ni idea de porqué te relaciono con puestas de sol si tú eres más de amanecerme de madrugada y acto seguido declararme la guerra para desarmarme como tú sabes.

miércoles, 22 de enero de 2014

Extraña sorpresa (cuando extrañaba lo sorprendente)

Perdona por el impacto de mirarnos así, pero es que no había visto nunca a nadie con esas ganas de partirlo todo y arreglar lo suficiente, lo que bastara, para seguir adelante con lo que llegara cuando anocheciera. Tropecé con tu sonrisa diciendo que estabas encantado de conocerme y me caí por el túnel de tus caderas pensando en lo encantada que estaba yo de habernos dado un golpe tan bajo cuando ya dejábamos atrás el suelo de tu colchón o mejor dicho el de tu esterilla. La madre que nos parió, deja que te cuente... O más bien que te recuerde.
¡Sabía yo que ese lunar me traería problemas algún día!
Me di cuenta de que esto no era nada nuevo y me acordé de las historias del lago, de aquellas cabañas del bosque, del fuego, y las canciones, de la guitarra, de que éramos unos críos, y el lunar en cuestión me refrescó lo que seguíamos siendo, y también me hizo ver que habías cambiado entre nada y demasiado desde la última vez. Me acordé del primer beso de la historia más excéntrica de todos los tiempos: la historia de mis labios. Entonces entramos en una especie de shok provocado por el encontronazo/desastre y te recordé con esa gorra de los Lakers jugando a beso o atrevimiento.
Y es que tú y yo nos atrevíamos a poco para besarnos mucho.
Me comparaste con el vino que mejora con los años, y supongo que, a tu manera, me piropeaste de nuevo, como cuando éramos unos quinceañeros con miedo de que mutuamente dejáramos de hablar por el Tuenti. Yo solo quería creer que el único vino del que hablabas era el que ojalá llevaras de más, ya sabes, para dejar en una anécdota este percal que se había armado en un momento, al son de un par de voces hartas de beber indiferencia y rotas de esperar lo que era evidente que jamás llegaría. Entonces te pedí un minuto para ver si me aclaraba, y me parece que volvimos al principio. Más que nada porque me pediste el número de teléfono y claro, ya lo tenías guardado.