Y a veces, una diferencia de luz de ese calibre
hace tanto daño
que muestra la realidad un rato y ciega el resto del tiempo,
no dejando ver que éramos como dos piezas de un puzzle perdidas
bajo cualquier mesilla de noche,
pero que sin saberlo encajaban.
2. Ambos sabían que nada iba a ninguna parte.
O bien que todo podía acabar en cualquier sitio.
El caso es que iban juntos y eso,
era lo que más les gustaba del viaje.
3. Igual por eso te quiero tan frío.
Porque hasta el fuego lento se me pasa rápido
de lo despacito que quiero tenerte,
ya sabes, para que me dures hasta el siempre más lejano
que pueda existir.
Para eso y para que ojalá no hubiéramos tenido que dejar nunca
la cama de aquel hostal.
-Pero ese es otro cuento,
a pesar del frío de tus pies
y de mis sábanas-.
4. Ella sabía que me moriría otra vez por tocarle la espalda una vez más,
y se mostraba, a menudo, tan jodidamente inalcanzable
que cuando se giraba, siempre medio desnuda,
me temblaban hasta los mismísimos huevos
del miedo que me daba que un día
ella no fuera mía.




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