jueves, 20 de febrero de 2014

Uno, dos, tres y cuatro

1. Tú estabas más nublado que nunca y yo brillaba igual que siempre.
    Y a veces, una diferencia de luz de ese calibre
    hace tanto daño
    que muestra la realidad un rato y ciega el resto del tiempo,
    no dejando ver que éramos como dos piezas de un puzzle perdidas
    bajo cualquier mesilla de noche,
    pero que sin saberlo encajaban.



2. Ambos sabían que nada iba a ninguna parte.
    O bien que todo podía acabar en cualquier sitio.
    El caso es que iban juntos y eso,
  era lo que más les gustaba del viaje.



3. Igual por eso te quiero tan frío.
    Porque hasta el fuego lento se me pasa rápido
    de lo despacito que quiero tenerte,
    ya sabes, para que me dures hasta el siempre más lejano
    que pueda existir.
    Para eso y para que ojalá no hubiéramos tenido que dejar nunca
  la cama de aquel hostal.
  
    -Pero ese es otro cuento,
    a pesar del frío de tus pies
    y de mis sábanas-.


4. Ella sabía que me moriría otra vez por tocarle la espalda una vez más,
    y se mostraba, a menudo, tan jodidamente inalcanzable
    que cuando se giraba, siempre medio desnuda,
    me temblaban hasta los mismísimos huevos
    del miedo que me daba que un día
    ella no fuera mía.




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