Y es que a veces, en esta vida, renta más un polvo a medias lleno de ganas y humo que algo bien hecho con quien ni te aprecia. Hablo de noches que se quedan a la mitad o menos, de esas que pasas con alguien que, válgame la redundancia, pasa de tus besos pero aún así te busca los labios para pasar el rato y el trago, uniéndose a cenas sin postre que, al fin y al cabo, acaban en borrachera como prácticamente todos los planes que en realidad no lo son.
A los siete días volví a verme fumando en la puerta del garito de siempre,
con las medias nuevas pero rotas,
y escribiendo cuatro cosas que publicaré si me levanto de la resaca que estoy viendo venir. Y nada, te despides y pillas taxi donde puedas rezando para que ya no pasen más cosas por hoy, por ayer y por mañana porque seeeeeeeeñor qué percal. Al llegar a casa me siento llena y no sé de qué, y pensando detenidamente lo único que creo que tengo dentro es
el mismo ron de garrafón del finde anterior que cada vez se asemeja más a mi corazón: mal hecho pero sirve pa ir tirando.
¡Vacía es lo estoy! Porque sigo sin encontrar a nadie que me haga temblar con un simple saludo que se acerque mínimamente a tu puto "que tal estás bicho" que, por cierto, ya no sé en que rincón de mi cabeza esconder porque lo veo hasta en la sopa y creo que también lo escucho cuando pongo los cuarenta. Pensar en tu mano agarrando la mía me produce un placer mental que si no es de este mundo es del reino de los cielos. Créetelo, que veo la tierra a todo color cuando nos imagino juntos aunque sea cambiando una bombilla y retirando el tono sepia de algunas noches desesperadas por volver a dormirme sonriendo como si tuviera: 15 años, todas aprobadas y un novio con moto.
Mejor no hablamos de la bella costumbre que tienes de sacar a flote mi sonrisa con cuatro palabras acentuadas por tu ciudad en días grises más negros de lo que pensaba, pero es que cuatro frases que hayan sido maquinadas por tu cerebro me dan a veces más vida que cualquier tipo de chocolate belga (estás flipando, eh).
Me pides que no te idealice pero es que me parece que no te das cuenta de lo que eres para mi, y yo, inconscientemente, hace ya tiempo que asumo el riesgo de haberte encontrado aunque eso conlleve perderme contigo.
Y ahora en un ratillo viene la parte en la que yo me arrepiento de plasmar esto en las notas de mi móvil con la excusa de que más o menos me las apaño escribiendo, porque es en mañanas como la de hoy cuando mi cabeza vuelve a preguntarse lo mismo que antes de dormirme, y que antesdeayer, y que antes de que me arrepienta y lo borre todo:
el qué cojones siento por ti, por París y por la historia que ojalá nos quede por vivir.
"Cuídate de los que saben escribir, pues tienen el poder de enamorarte sin siquiera tocarte" Anónimo
domingo, 29 de diciembre de 2013
jueves, 19 de diciembre de 2013
Parte 2 (problemas con el vecindario)
Mi vida tiritando en una esquina y tú temblando al otro lado de la puerta. Ya bajo, te dije cuando aún estaba en bragas. Ya subo, dijiste (y me duraron en su sitio entre poco y nada).
Me parece que lo de Women Secret es una coña de las buenas, ¿o acaso hay algún tipo de lencería con encaje que os incite, hombres de este mundo, a dejar la ropa en su sitio? Su sitio es el suelo del pasillo y si me apuras el cajón de la mesilla.
Yo siempre fui de las que pensó que los besos a escondidas, entre sábanas y, ¿por qué no? entre tu pecho y la pared, son mejores que esos de película en plazas mayores con luces de Navidad o barcos que en cuestión de horas se estazan contra el hielo.
Tú y yo de hielo sabemos poco, tú y yo de hundirnos en el colchón lo sabemos todo.
Me río yo de este puto frío polar a estas alturas de la vida, de diciembre y de esta noche con mis padres en el pueblo. Me parto de la risa porque la carne de gallina me gusta más si es provocada por estímulos externos que no sean unos grados bajo cero, y se da el caso. #EstáPasando porque tus labios se acercan a los míos rollo Amelie, con una sonrisa que sabe lo que hace. Tus manos vienen a mi con muy, muy malas intenciones, y eso me provoca de todo menos frío.
Ay, corazón, ¡que la tenemos otra vez con los vecinos!
Me parece que lo de Women Secret es una coña de las buenas, ¿o acaso hay algún tipo de lencería con encaje que os incite, hombres de este mundo, a dejar la ropa en su sitio? Su sitio es el suelo del pasillo y si me apuras el cajón de la mesilla.
Yo siempre fui de las que pensó que los besos a escondidas, entre sábanas y, ¿por qué no? entre tu pecho y la pared, son mejores que esos de película en plazas mayores con luces de Navidad o barcos que en cuestión de horas se estazan contra el hielo.
Tú y yo de hielo sabemos poco, tú y yo de hundirnos en el colchón lo sabemos todo.
Me río yo de este puto frío polar a estas alturas de la vida, de diciembre y de esta noche con mis padres en el pueblo. Me parto de la risa porque la carne de gallina me gusta más si es provocada por estímulos externos que no sean unos grados bajo cero, y se da el caso. #EstáPasando porque tus labios se acercan a los míos rollo Amelie, con una sonrisa que sabe lo que hace. Tus manos vienen a mi con muy, muy malas intenciones, y eso me provoca de todo menos frío.
Ay, corazón, ¡que la tenemos otra vez con los vecinos!
martes, 17 de diciembre de 2013
Para meterse en la historia (esta al parecer es interesante)
Se me fue de las manos en el sentido de que fui a posarlas en tu culo. Supongo que los comentarios sobre esa parte de tu cuerpo debería ahorrármelos, pero vamos, que la considero independiente de ti por el tema de que no necesita al resto de tu anatomía para conseguir que se me caiga la baba.
Las manos heladas, con un frío más diciembre que nunca. Respirábamos niebla y navidad hasta que llegamos a algún paraíso hogareño con calefacción y entonces respiramos el olor a canela del ambientador que pone tu madre. He de añadir que cualquier parte del mundo con un radiador nos habría parecido el edén en ese momento, pero es que luego empezamos a desnudarnos y consecuentemente a derretirnos (porque veníamos congelados). Ya sabes, entre tu trasero de spot D&G y mi forma huracanada de ser un volcán en cuestión de segundos todo son desastres, así que dejamos en evidencia a los del gas natural.
Y se nos olvidó que eran vacaciones, y navidad, y que helaba y que Mandela había muerto, y que fuera había menos ocho bajo cero porque por un rato yo te llevé a conocer el cielo y tú me dejaste bien claro que hasta los rostros más angelicales arderían en el infierno si constaran en acta tantos orgasmos seguidos.
Se nos olvidó que el champagne estaba reservado para no sé qué cena con uvas y campanadas, y al final optamos por la bañera para rematar el día. Éramos como dos actores grabando un corto en blanco y negro con alguna que otra canción de Pereza que sonaba de fondo (por lo de follar en la cocina y descorchar el champagne, vaya).
Se hizo de noche antes de lo que esperábamos, así que me liaste para que me quedara contigo y luego me liaste de verdad cuando te quedaste dormido y empezaste a respirar tan despacito que de no ser por tu pecho subiendo y bajando las sábanas me habría asustado. Lo de mirarte dormir no lo hago porque sea una psicópata (que podría serlo), pero nunca nadie había estado tan tranquilo en un lugar tan hiperactivo (hablo de ti sobre tu cama). Y luego creo que nos cambiamos los papeles porque desperté y tú me mirabas a mi, pero nos mantuvimos en eso de
ser los protagonistas de las historias que cuentan tus vecinos.
Diles de mi parte que disculpen las molestias, ¡y que feliz Navidad!
Las manos heladas, con un frío más diciembre que nunca. Respirábamos niebla y navidad hasta que llegamos a algún paraíso hogareño con calefacción y entonces respiramos el olor a canela del ambientador que pone tu madre. He de añadir que cualquier parte del mundo con un radiador nos habría parecido el edén en ese momento, pero es que luego empezamos a desnudarnos y consecuentemente a derretirnos (porque veníamos congelados). Ya sabes, entre tu trasero de spot D&G y mi forma huracanada de ser un volcán en cuestión de segundos todo son desastres, así que dejamos en evidencia a los del gas natural.
Y se nos olvidó que eran vacaciones, y navidad, y que helaba y que Mandela había muerto, y que fuera había menos ocho bajo cero porque por un rato yo te llevé a conocer el cielo y tú me dejaste bien claro que hasta los rostros más angelicales arderían en el infierno si constaran en acta tantos orgasmos seguidos.
Se nos olvidó que el champagne estaba reservado para no sé qué cena con uvas y campanadas, y al final optamos por la bañera para rematar el día. Éramos como dos actores grabando un corto en blanco y negro con alguna que otra canción de Pereza que sonaba de fondo (por lo de follar en la cocina y descorchar el champagne, vaya).
Se hizo de noche antes de lo que esperábamos, así que me liaste para que me quedara contigo y luego me liaste de verdad cuando te quedaste dormido y empezaste a respirar tan despacito que de no ser por tu pecho subiendo y bajando las sábanas me habría asustado. Lo de mirarte dormir no lo hago porque sea una psicópata (que podría serlo), pero nunca nadie había estado tan tranquilo en un lugar tan hiperactivo (hablo de ti sobre tu cama). Y luego creo que nos cambiamos los papeles porque desperté y tú me mirabas a mi, pero nos mantuvimos en eso de
ser los protagonistas de las historias que cuentan tus vecinos.
Diles de mi parte que disculpen las molestias, ¡y que feliz Navidad!
lunes, 16 de diciembre de 2013
Instasueños
Simplemente tengo la esperanza de poder encontrar la tranquilidad sonriente y reconfortante en el fatídico mundo de dormir poco, escribir mucho y soñar demasiado (despierta) con el arte entre telares, dibujos, bocetos y alguna que otra teoría con ideas que de momento solo cuadran en mi cabeza.
No sé, si no amas lo que haces, si no adoras la rama a la que dedicas o vas a dedicar tu vida... ¿Para qué vivir una que por desgracia, es solo una? Lo de dormir puedo hacerlo cuando me muera, pero el resto de cosas de la lista que empecé hace ya tiempo: ¡me requieren ahora, viva y despierta!
No sé, si no amas lo que haces, si no adoras la rama a la que dedicas o vas a dedicar tu vida... ¿Para qué vivir una que por desgracia, es solo una? Lo de dormir puedo hacerlo cuando me muera, pero el resto de cosas de la lista que empecé hace ya tiempo: ¡me requieren ahora, viva y despierta!
jueves, 12 de diciembre de 2013
Eres mi últimamente, pero eres de primera
Supongo que este puto lío mental que nos traemos entre manos viene dado por nuestros enredos de última hora. Porque siempre estamos igual. Vamos, siempre desde ti, siempre desde hace ya no mucho tiempo. Mandando momentos entre mensaje y mensaje.
Debiendo una, salvando otra copa y aguardando de momento, por ahora y todavía la primera birra. Intercambiando vistas y traficando con propuestas, planes y canciones. Admitiendo derrotas, discrepando en las medias naranjas, contrariando objeciones y, a veces, solo a veces, coincidiendo. Para ti se hace tarde porque la noche suele quedarse por la mitad, pero yo creo que más bien se nos va la olla temprano por el tema de que
se me junta el calentón con el madrugón.
Me recuerdas al va y ven de unas caderas casi rotas pero nada cansadas, y me recuerdas también un poco al jaleo diario de la coleta ondulada y pasota que me recojo habitualmente cuando voy con prisa (que solía cortar el viento hasta que fui acortarme las puntas).
Qué voy a contarte yo a ti de mis insomnios, de mi desorden, de mis caóticos desvaríos... del quedarme sin batería en el mejor momento y #nóteselaironía.
De no tener idea de qué ponerme pero saber perfectamente qué quitarte.
Como voy a hablarte de mis frenos en Babia cuando bajo a toda ostia si tú estás arriba tomando café y echando gasolina. Qué te voy a contar, corazón, si me peino revolviéndome el pelo. Es solo que una parte de mi bastante grande se ha visto siempre fuera de sitio, a contracorriente. Iba a decir en mal lugar pero entonces me crucé contigo y, desde lejos, me sentí un poco como en la casa tranquila que nunca tuve. Eres como un libro nuevo cuyo título no conocía: con una historia que contar pero de esos que se leen a ritmo de escritor caprichoso, reservado, y, tengo que decirlo: un poco capullo.
Un libro nuevo que huele bien. Eres un poco como una habitación con velas en la casa que te decía antes:
sin prisa, te apagas, te enciendes, burlas al viento y me prendes.
Y luego ya me quemo yo solita.
Supongo que espero un milagro que nos acerque cuatro pasos por las mañanas y seis o siete cuando pueda mirar las estrellas convencida de que no son pegatinas del IKEA. Es en ese momento, por las noches, cuando creo que prefiero una locura contigo que estar cuerda en esta vida sin saber quién eres. Supongo que también espero que aunque todo acabe sucediendo al final no estemos en las últimas, pues de primeras eres una opción finalista pero con mucha, mucha prioridad.
Debiendo una, salvando otra copa y aguardando de momento, por ahora y todavía la primera birra. Intercambiando vistas y traficando con propuestas, planes y canciones. Admitiendo derrotas, discrepando en las medias naranjas, contrariando objeciones y, a veces, solo a veces, coincidiendo. Para ti se hace tarde porque la noche suele quedarse por la mitad, pero yo creo que más bien se nos va la olla temprano por el tema de que
se me junta el calentón con el madrugón.
Me recuerdas al va y ven de unas caderas casi rotas pero nada cansadas, y me recuerdas también un poco al jaleo diario de la coleta ondulada y pasota que me recojo habitualmente cuando voy con prisa (que solía cortar el viento hasta que fui a
Qué voy a contarte yo a ti de mis insomnios, de mi desorden, de mis caóticos desvaríos... del quedarme sin batería en el mejor momento y #nóteselaironía.
De no tener idea de qué ponerme pero saber perfectamente qué quitarte.
Como voy a hablarte de mis frenos en Babia cuando bajo a toda ostia si tú estás arriba tomando café y echando gasolina. Qué te voy a contar, corazón, si me peino revolviéndome el pelo. Es solo que una parte de mi bastante grande se ha visto siempre fuera de sitio, a contracorriente. Iba a decir en mal lugar pero entonces me crucé contigo y, desde lejos, me sentí un poco como en la casa tranquila que nunca tuve. Eres como un libro nuevo cuyo título no conocía: con una historia que contar pero de esos que se leen a ritmo de escritor caprichoso, reservado, y, tengo que decirlo: un poco capullo.
Un libro nuevo que huele bien. Eres un poco como una habitación con velas en la casa que te decía antes:
sin prisa, te apagas, te enciendes, burlas al viento y me prendes.
Y luego ya me quemo yo solita.
Supongo que espero un milagro que nos acerque cuatro pasos por las mañanas y seis o siete cuando pueda mirar las estrellas convencida de que no son pegatinas del IKEA. Es en ese momento, por las noches, cuando creo que prefiero una locura contigo que estar cuerda en esta vida sin saber quién eres. Supongo que también espero que aunque todo acabe sucediendo al final no estemos en las últimas, pues de primeras eres una opción finalista pero con mucha, mucha prioridad.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Re-madrugada
Seguramente no sea el momento porque sencillamente son más de las cuatro, y también porque mañana madrugo. Además, de nuevo voy más sobrada de cerveza que de equilibrio. Pero es que no he podido evitar acordarme de ti cuando he descubierto un par de bares que te rentarían bastante. "No he podido evitar" en el sentido de que no lo he querido evitar porque no me daba la gana desprenderme de algo tan interesante como la materia gris de tu puto cerebro (probablemente privilegiado). Es que estoy bastante segura de que no hay nada más reconfortante que tener la sensación y la certeza de que prácticamente el resto de tíos que he conocido son demasiado básicos. Quiero decir, que lo tienen jodido para estar a la altura de un cerebro normalillo tirando a tonto y con materia (seguramente) azul clarita, o fucsia, o multicolor. Lo cierto es que lo de mi cabeza no son pájaros del montón estilo gorrión de ciudad, son putas águilas reales tocando las pelotas a mis padres, que consideran un caso perdido con punto y a parte el hecho de que no me llame la atención estudiar derecho. Perdóname el atrevimiento pero yo es que a estas horas no sé donde coño meter estas ganas de tenerte cerca por no decir a flor de piel, de "anclarme a tus movimientos" y de marcar contigo un entrecortado compás, de atarte a mis piernas y de amarrarte al amanecer de la pared (entrecortada por los reflejitos de las luces que logran entrar tras la persiana).
Mira que quise darme una tregua de líos de barras, y me fui a topar contigo en un botellón.
Pero vamos, que nos tomamos la última donde podamos y lo dejamos todo como está, que pinta bonito el desvarío de dos destilerías andantes. Yo que sé, como tú dices, mañana será otro día.
Mira que quise darme una tregua de líos de barras, y me fui a topar contigo en un botellón.
Pero vamos, que nos tomamos la última donde podamos y lo dejamos todo como está, que pinta bonito el desvarío de dos destilerías andantes. Yo que sé, como tú dices, mañana será otro día.
viernes, 6 de diciembre de 2013
Colgada
Le echaré Blind Pilot al viernes para sobrevivir (o al menos intentarlo) a esta resaca propia de Las putas Vegas. Pero vamos, que sigo igual de colgada que siempre. Colgada del humo, del ron, de ti, y de tu sonrisa (que insinúa un "sé que me adoras" en toda regla). En fin, que todo son drogas. Unas más adictivas que otras, pero eso, drogas. Así que a estas horas ya me da igual si almuerzo, desayuno o es la hora de comer. Acabaré en el McDonalds a las diez de la noche pensando que metería en la maleta si me mudara en unas horas a Madrid. Qué viernes con sabor a domingueo. Salvo por el olor a paella da muy bien el pego.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Today, tonight
Le dimos la vara al Twitter para ver si contactaba con diciembre y helaba un poco menos. Y al décimo intento nos dimos cuenta de que esos treinta días iban a estar igual de fríos que siempre, con la excepción de que igual a finales de mes se vestía Don 31 de lentejuelas y salía un rato a celebrar la cálida Nochevieja. Por eso entramos al garito de moda, para olvidar un poco lo estresante que es estudiar y lo jodido que se pone a veces salir de tranquis. Nos pusimos de whisky hasta las cejas y de humo hasta los topes.
Total, que íbamos ciegos y nos tocó leer en braille las curvas de nuestros cuerpos y los baches de nuestras espaldas.
Algunos lo llaman vértebras, y otros, como nosotros, hablan de esos subibajas como si fueran rotundos inconvenientes que nos impiden llegar del tirón al paraíso donde la espalda en cuestión pierde el nombre. Y qué forma tan sutil de aterrizar en el culo cuando nuestro propósito es de todo menos eso, sutil. Menos cine premeditado y más sexo inesperado, que siquiera entre humanos nos ponemos de acuerdo para definir el conjunto de experiencias que algunos llaman vida y otros sin vivir.
A mi que no me jodan que he visto amanecer donde otros solo veían salir el sol,
por no hablar de que mis vistas sin filtros podrían poner en su sitio a más de un sabelotodo. Y no digo nada, pero eso de competir contra profesionales del mundo del #instadesastre está mal visto entre
los que contamos con más noches que la Luna en el currículum.
Total, que íbamos ciegos y nos tocó leer en braille las curvas de nuestros cuerpos y los baches de nuestras espaldas.
Algunos lo llaman vértebras, y otros, como nosotros, hablan de esos subibajas como si fueran rotundos inconvenientes que nos impiden llegar del tirón al paraíso donde la espalda en cuestión pierde el nombre. Y qué forma tan sutil de aterrizar en el culo cuando nuestro propósito es de todo menos eso, sutil. Menos cine premeditado y más sexo inesperado, que siquiera entre humanos nos ponemos de acuerdo para definir el conjunto de experiencias que algunos llaman vida y otros sin vivir.
A mi que no me jodan que he visto amanecer donde otros solo veían salir el sol,
por no hablar de que mis vistas sin filtros podrían poner en su sitio a más de un sabelotodo. Y no digo nada, pero eso de competir contra profesionales del mundo del #instadesastre está mal visto entre
los que contamos con más noches que la Luna en el currículum.
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