Se me fue de las manos en el sentido de que fui a posarlas en tu culo. Supongo que los comentarios sobre esa parte de tu cuerpo debería ahorrármelos, pero vamos, que la considero independiente de ti por el tema de que no necesita al resto de tu anatomía para conseguir que se me caiga la baba.
Las manos heladas, con un frío más diciembre que nunca. Respirábamos niebla y navidad hasta que llegamos a algún paraíso hogareño con calefacción y entonces respiramos el olor a canela del ambientador que pone tu madre. He de añadir que cualquier parte del mundo con un radiador nos habría parecido el edén en ese momento, pero es que luego empezamos a desnudarnos y consecuentemente a derretirnos (porque veníamos congelados). Ya sabes, entre tu trasero de spot D&G y mi forma huracanada de ser un volcán en cuestión de segundos todo son desastres, así que dejamos en evidencia a los del gas natural.
Y se nos olvidó que eran vacaciones, y navidad, y que helaba y que Mandela había muerto, y que fuera había menos ocho bajo cero porque por un rato yo te llevé a conocer el cielo y tú me dejaste bien claro que hasta los rostros más angelicales arderían en el infierno si constaran en acta tantos orgasmos seguidos.
Se nos olvidó que el champagne estaba reservado para no sé qué cena con uvas y campanadas, y al final optamos por la bañera para rematar el día. Éramos como dos actores grabando un corto en blanco y negro con alguna que otra canción de Pereza que sonaba de fondo (por lo de follar en la cocina y descorchar el champagne, vaya).
Se hizo de noche antes de lo que esperábamos, así que me liaste para que me quedara contigo y luego me liaste de verdad cuando te quedaste dormido y empezaste a respirar tan despacito que de no ser por tu pecho subiendo y bajando las sábanas me habría asustado. Lo de mirarte dormir no lo hago porque sea una psicópata (que podría serlo), pero nunca nadie había estado tan tranquilo en un lugar tan hiperactivo (hablo de ti sobre tu cama). Y luego creo que nos cambiamos los papeles porque desperté y tú me mirabas a mi, pero nos mantuvimos en eso de
ser los protagonistas de las historias que cuentan tus vecinos.
Diles de mi parte que disculpen las molestias, ¡y que feliz Navidad!
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