domingo, 8 de diciembre de 2013

Re-madrugada

Seguramente no sea el momento porque sencillamente son más de las cuatro, y también porque mañana madrugo. Además, de nuevo voy más sobrada de cerveza que de equilibrio. Pero es que no he podido evitar acordarme de ti cuando he descubierto un par de bares que te rentarían bastante. "No he podido evitar" en el sentido de que no lo he querido evitar porque no me daba la gana desprenderme de algo tan interesante como la materia gris de tu puto cerebro (probablemente privilegiado). Es que estoy bastante segura de que no hay nada más reconfortante que tener la sensación y la certeza de que prácticamente el resto de tíos que he conocido son demasiado básicos. Quiero decir, que lo tienen jodido para estar a la altura de un cerebro normalillo tirando a tonto y con materia (seguramente) azul clarita, o fucsia, o multicolor. Lo cierto es que lo de mi cabeza no son pájaros del montón estilo gorrión de ciudad, son putas águilas reales tocando las pelotas a mis padres, que consideran un caso perdido con punto y a parte el hecho de que no me llame la atención estudiar derecho. Perdóname el atrevimiento pero yo es que a estas horas no sé donde coño meter estas ganas de tenerte cerca por no decir a flor de piel, de "anclarme a tus movimientos" y de marcar contigo un entrecortado compás, de atarte a mis piernas y de amarrarte al amanecer de la pared (entrecortada por los reflejitos de las luces que logran entrar tras la persiana).
Mira que quise darme una tregua de líos de barras, y me fui a topar contigo en un botellón.
Pero vamos, que nos tomamos la última donde podamos y lo dejamos todo como está, que pinta bonito el desvarío de dos destilerías andantes. Yo que sé, como tú dices, mañana será otro día.

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