Hay que ser muy tonto para dejarte marchar, y tú te mereces un príncipe que esté a tu lado para ayudarte a ser feliz.
Tampoco he tenido que irme siempre a doscientos kilómetros porque a sólo 15 minutos estaba mi ángel de la guarda con su perfecto vestido de graduación, su McAuto, su risa y su increíble habilidad para hacerme sentir bien con un sencillo "Buenos días mi corazón" que a continuación completa así: "hoy quiero que tengas paciencia, que te pongas guapísima y que disfrutes de la noche, que intentes aunque sea duro alejarte de eso que te está haciendo daño, que hoy, en definitiva, no estés triste porque odio verte así..."
Mil gracias a las tres por ser el apoyo, las velas de un barco que iba a naufragar, el fuego de un cigarro que se apagaba despacio. Porque no hay nada mejor que tres personas que te valoren para salir de un hoyo cavado a conciencia por un inconsciente. O sí. Puede que haya algo mejor. Tener la sensación de tener hermanas en lugar de amigas.
Para Helena, Marta y Bruna con todo mi amor.

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