viernes, 17 de mayo de 2013

Solo sé que me debía a mi misma un intento de ti

Cuando me di cuenta de que ya no estabas, en ese preciso instante, en ese duro momento, eché a correr. ¿Hacia dónde? Pues no se sabe. Tomé una dirección distinta pero paralela a la tuya. Huí de mi misma y dejé de verte. Te obvié, te borré, te dejé a un lado y (creía yo) que también te dejé atrás.
Te aparté de mi cabeza pero no de mi alma.
No pude sacarte de ahí porque volví a oír tu voz. Escuché "yo aún te echo de menos" y pensé qué coño, yo también a él y estoy aquí haciendo el tonto sin ir a decírselo.
Te confesé que mi fachada era solo eso, pura fachada. Un muro construído única y exclusivamente para tus ojos en el que pinté buenos momentos y sonrisas aparentemente sinceras. Un revuelo de fotos brillantes y bonitas y un puñado de agradables palabras retuiteadas.
Y ahora me he dado cuenta de que no vale de nada
hacerte creer que mi vida va de muerte,
cuando en realidad esto es para morirse.
Que no ha habido día en el que tu sonrisa no haya venido a verme. Que no ha habido noche sin la esencia de tu piel en mi almohada, sin el roce de tu cuerpo contra mis vaqueros, sin tu pelo anudado a mis manos. Que no ha habido tarde sin tu cámara y tus cosquillas y ya ni te hablo de las madrugadas oyendo a lo lejos tu risa y tu voz.
Por eso ayer me senté a tu lado en ese banco, en esa plaza que vio el primer batido y la última cerveza. Esa plaza que en definitiva lo sabe todo de nosotros, y fui hasta allí para decirte la más profunda e infinita verdad, para darte una razón que silencia, aplasta y elimina cualquier error del pasado: que yo te quiero.

8 de diciembre de 2012
Primera fotografía en modo manual

                                            BVidal©

               

No hay comentarios:

Publicar un comentario