martes, 15 de octubre de 2013

Si el mundo es de los valientes, de momento soy coopropietaria


Llevo ya unos días caminando por la autovía de mi sueño. Sin prisa, sin pausa, con ganas y muy, muy sonriente. Las ganas que tenía de dar este paso no tienen medida alguna, y el tiempo me ha ido mostrando poco a poco que siempre habrá personas que tirarán de mi cuando esté cansada de correr detrás del bus y de evitar que las jodidas puertas del metro me pillen el culo. No sé si es que he tenido suerte o que simplemente me he planteado el reto de conseguir hacerme un hueco en el maravilloso mundo de la moda. Sé que es maravilloso, pero soy consciente de que no todo el mundo sale entero de ahí. Ni victorioso. Habrá quien me menosprecie, habrá quien intente herirme y habrá quien lo consiga. Sé que es complicado, pero sé que es lo mío. Y dejo por escrito que jamás voy a rendirme. Que lo que piense el 98% de la gente no importa ahora.Y probablemente no importe nunca. ¿Qué pasa? ¿Que vuestro sueño se limita a complacer a vuestros padres? Que gran problema.
Me da tanta pena la gente que no comprende que solo tenemos una vida... Una vida que encima no te dice cuando va a quitarte la suerte de respirar, y justo cuando se para tu corazón ya no hay vuelta atrás. Nunca la hay. Estoy segura de que infinidad de personas piensan en sus últimos segundos en los "te quiero" que no llegaron a decir. En las ciudades que dejaron sin visitar, en las historias que no contaron en aquel bar. En las fotos que nunca salvaron, que siguen en la memoria de una cámara medio muerta. En las reflexiones que no escribieron y que hoy por hoy yacen en el olvido, o quizá flotan en el aire. Igual es eso, se encuentran suspendidas en el ambiente y por eso de vez en cuando, nos viene la inspiración. Vaya, ya estoy escirbiendo lo que pasa por mi cabeza otra vez. El caso es que hay gente que luego quiere leerse y no se encuentra.
Menos mal que quedan museos que guardarán por siempre el arte y sus curiosidades, que siempre habrá lugares con historias bonitas, mediocres y tristes. Menos mal que Gran Vía será siempre igual de larga y Chamartín igual de acogedora a la hora de dar la bienvenida a la jungla. 
Menos mal que siempre habrá artistas con ideas en la cabeza y pinceles en las manos. Escritores madrileños que sin tocarte enamoran, sin conocerte te encantan y sin ponerte cara te hacen volar entre puntos y comas.
Mientras tenga más sueños que dinero en la cartera,
me sobrarán las ganas para intentar ser quien quiero ser en un futuro no tan lejano, porque igual lo que necesito no es la suerte del 22 de diciembre, sino un puñado de amigos que me apoyen, y por su puesto, agallas para llegar donde yo quiera.


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