Últimamente no hay nadie en la esquina de Orange y ni mucho
menos en las escaleras de mi portal. A veces me despierto desorientada pensando
que esto es solo una pesadilla, que en cuestión de segundos me llegará un
mensaje de esos que ponen la piel de gallina y así podré dormir tranquila. Pero
nada. Lo cierto es que este verano continuo ha terminado y por aquí no tiene
pinta de volver a hacer calor. De hecho está helando.
Hace tiempo me puse a pensar en cómo actuar si esto pasaba
algún día pero pensé que nunca te irías de mi vida, y claro, ahora llega el
frío y me pilla a medio vestir. Algo me dice a gritos que te olvide pero es más
fuerte todavía que huela por ahí a Bambú y se me caiga el mundo encima. Lo peor
es pasar la mano por la barandilla de madera que un día cedió y ya ni te cuento
si me da por coger la réflex y acariciar tus fotos.
Es sencillo y complicado al mismo tiempo. Con lo que hemos
sido, normal.
Aún me quedan fuerzas y ganas para intentarlo, luchar y no sé
cómo, para también recuperarte. Pero es el tiempo quien agota las existencias
de esperanza que hay en mí.
No han sido precisamente dos días los que hemos pasado
juntos, pero si dos días lo que hemos tardado en separarnos. En 48 horas se
puede ir un año a la mierda, alucina con el tiempo. Lo cura todo, es la forma
que tiene de compensarnos el daño que puede hacer.
Sabes que guardaré para siempre cada sobre, cada rosa, cada
foto, cada recuerdo, cada beso, cada caricia, cada abrazo, cada muestra de
amor. ¿Y sabes dónde? Donde pueda llevarlo siempre encima, seguramente en mi
corazón.
Esta historia ha terminado exactamente en el mismo lugar
donde empezó. En el mismo bar y con el mismo batido de chocolate en la mesa. Tiene gracia. Gracia de esta que pica y molesta. Fíjate, ya es 26
otra vez. Para ser más exactos van a ser las doce y veinte y aunque no tengamos
mucho que celebrar yo brindo por nosotros. Por lo que hemos sido y por lo que
podríamos ser algún día. Ya sabes, la vida da muchas vueltas. Infinitas
vueltas.
Una parte de mi se está cansando
de beber para olvidarte y de que al día siguiente me muera de amor, de tristeza
y de nostalgia en lugar de tener una resaca de campeonato. Pero uno no puede
elegir a quien ama y eso lo sabe un alga del Mediterráneo. Por eso la otra parte espera verte a la salida con flores, sin ellas o fumando el cigarro del mediodía.
Solo te pido una cosa: recuérdame.
No hay comentarios:
Publicar un comentario