Buenas tardes a todos:
Representa un verdadero honor para mí tomar la palabra en
nombre de todos los alumnos que hoy se gradúan. Dicen
que el mejor discurso de graduación que se conoce lo pronunció Salvador Dalí en
la Universidad
de Barcelona cuando dijo: “Voy a ser
breve, terminé”. Yo seré un poquito más extensa.
La primera mención quiero dedicársela a Abraham García Carlón, un alumno de nuestra promoción que no puede estar con nosotros porque está en el hospital.
Este es un día muy
esperado por todos nosotros, y a pesar de que está lleno de felicidad, es inevitable sentir nostalgia, pues una de las etapas
más bonitas de nuestras vidas termina, llevándose momentos que jamás podremos
olvidar. Hemos vivido experiencias maravillosas juntos: ¿quién no se lleva del
Grial grandes amigos? Pero por otro lado es digno de agradecer el esfuerzo que
ha hecho el equipo docente desde el 14 de septiembre de ya un lejano 2011.
Hemos estado rodeados
de grandes maestros que han hecho de nosotros los hombres y las mujeres del
futuro, pues como dice un famoso proverbio africano “para educar a un niño hace falta toda la tribu” o mejor dicho, todo
un claustro. Por eso pido un aplauso para ellos, para nuestros profesores.
Cambiando de tema:
los padres. Señoras y señores, ahora es el momento de los clínex. ¿Recordáis cuando podíais abarcarnos con vuestros brazos? Eso ahora es bastante complicado, pues aunque duela aceptarlo, hemos crecido. Vosotros nos
habéis regalado la vida de forma incondicional. Nos habéis mostrado el esfuerzo que cuesta
ganarse las cosas y nos marcasteis como objetivo “labrarnos un futuro”. Por eso
os pido de nuevo un aplauso, el que se merecen sin duda, nuestros padres.
Mirad, yo me
imaginaba el futuro como una especie de cielo estrellado en el que naves
espaciales, satélites, marcianos y televisores gigantes flotaban libremente sin
temer a la gravedad. Cuando cumplí los seis años comprendí que eso era cosa de
Futurama, y pregunté a mi madre lo siguiente: mamá, ¿yo tengo un futuro?
Ella se reía, y
acostumbrada a mis ocurrencias me respondió en tono cariñoso: puedes hacer lo que te propongas, cielo.
A mí me sonó un poco a High School Musical, pero en seguida capté el mensaje y
desde entonces, no he parado de proponerme cosas:
Al principio quería
ser princesa: me vestía de rosa de la cabeza a los pies y con el papel albal de
los bocadillos me hacía coronas de plata. A la hora de la merienda solía tener
el pelo lleno de migas, así que decidí que quería ser bailarina de ballet. Me
mantuve firme en eso de vestir de rosa y recibí clases extraescolares en el
colegio. Pero como todos sabéis, parte de mi personalidad es ser no un poco, si no
bastante torpe, así que pasé página y me planteé otras opciones: pintora,
maestra, astronauta, enfermera, ingeniera e incluso bombera. Ahora estoy en
este escenario leyendo el discurso de la graduación ¿a cuánto? ¿mes y medio de
la Selectividad? Y puedo aseguraros que todavía tengo mis dudas.
Lo que sí que tengo
claro, compañeros, es que ahora se nos exige un último esfuerzo, hagamos lo que
hagamos en ese futuro que está ahí, esperándonos. Cada uno a su manera, a su ritmo, pues como dijo Coco Chanel “Para ser irremplazable, uno debe buscar siempre ser
diferente”. Así pues recojamos
ahora los frutos de nuestro trabajo. Mis mejores deseos para todos y que la suerte
venga con nosotros en este viaje de la vida.
Muchas gracias por escucharme y
buenas tardes.
Ana Belén Vidal del Cura, 2ºB
Ana Belén Vidal del Cura, 2ºB

Me ha encantado tu discurso, y la camisa es super bonita ¿De donde es?:)
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