Por aquí no afloja el temporal de lo que me pasa contigo (ya van cuatro días de ligeros chubascos). Las causas las desconozco, pero los motivos son esencialmente tres: en primer lugar, que me muero por todos y cada uno de tus huesos. Me pasa lo mismo con tus músculos y generalizado con tu anatomía en su totalidad. Luego está tu forma de hablar que simplemente trastorna cosas que pensé que ya estaban revolucionadas del todo, como mis horas de sueño. Cuando llegan tus mensajes mi móvil se pone de todos los colores (y no solo porque sea el Xperia de las lucecitas azules y rosas). También pasa que cuando escribes es como si chillaras que te duele todo o que no encuentras nada o que sabes lo que haces y, creo que cuando estás en silencio, callado, también tienes algo que decirme. Y por último, que por suerte o por desgracia me pones nerviosa y eso hace tiempo que no lo logra cualquiera.
Todo el mundo se está deseando feliz año y yo solo quiero buenos ratos contigo. Ratos, eso es lo que somos, y me maravilla que podamos construirlos entre los dos. Del mismo modo me aterra que se nos acaben, pero ese es otro libro.
Lo que quería decir antes, que me pongo a hablar de ti(empo) conmigo y me distraigo, es que no quiero 365 días felices para honrar la frase hecha que se dice a estas alturas de las vacaciones de Navidad, sino que quiero tenerte en mi año o más bien en mi vida aunque sea para que me des disgustos. Como sea te quiero en mi, en mis planes (en esos que siempre se desmoronan), en mis noches de Jack Daniels y en mis tardes de creatividad que sacan de quicio a los que no creen en el desorden como inspiración, en los sueños, en llegar tarde pero sonriente.
Quiero lluvia y otoño desde el sofá, veranear en VANS mochila y cámara al hombro y ponerme morena en la playa de tu cuerpo de tanto mirar como brillas. Quiero nieve para que el invierno tenga que vérselas con tus (a)brazos y en primavera tendremos que chapar casi a diario, así que supongo que nos mandaremos suerte desde nuestras respectivas bibliotecas. Si quieres yo aparco las dudas y tú el coche en otro sitio, porque ya me conozco estas despedidas y, al fin y al cabo,
es Nochevieja y nosotros tan jóvenes que somos expertos en cosas de adultos (...)
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